miércoles, 24 de noviembre de 2010

Pierre-Félix Bourdieu - sobre la televisión - la educación -

 

Pierre Bourdieu (1930 - 2002) Sociólogo, francés, catedrático en el College de France, Director académico de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales, director de dos prestigiosas revistas de la especialidad e influyente critico social, autor de numerosas obras, muchas traducidas a otros idiomas. Considerado el mayor intelectual de Francia a fines del siglo XX. 



La obra de Bourdieu ofrece un certero diagnóstico sobre la amenaza que representan las informaciones distorsionadas que emite a diario la televisión. Sus conclusiones están dirigidas a despertar en especial el entusiasmo de periodistas insatisfechos en pro de una cruzada reformista del medio, pero resultan de imprescindible lectura y reflexión para el desprevenido televidente que todavía se resiste a creer en los efectos que las presiones económicas y políticas producen sobre la programación que consume diariamente.





No sorprenden las indignadas reacciones que ha despertado (en otros países) el crítico enfoque de Bourdieu sobre la televisión por parte de los productores, empresarios y periodistas televisivos al desnudar las practicas demagógicas, frívolas y fraudulentas que despliegan a diario para ganar audiencia y dinero, ya que el periodismo es en definitiva un negocio, como ocasionalmente suele recordarse. 

Las razones que visualiza Bourdieu como transfondo de esta reacción no son menos graves al percibir que la incomprensión de fondo sobre el funcionamiento del medio del cual ellos tambien son víctimas se basa en su aparente incapacidad para analizar el problema en profundidad. No en vano caracteriza Bourdieu a un número significativo de periodistas como personas insatisfechas, indignadas o cínicamente resignadas. Probablemente también sea cierto que lo que verdaderamente los indigna sea en este caso sea verse incómodamente retratados.


Prácticas televisivas perniciosas


Las sagaces observaciones de Bourdieu parecen en todos los casos dar en 'la cabeza del clavo', a saber: 


  • El principio de selección de la información a favor de lo escandaloso o sensacionalista.
  • El protagonismo indebido de los periodistas en cuestiones políticas a favor de su capacidad monopólica de administrar la frecuencia y oportunidad de las apariciones publicas de los verdaderos protagonistas, los políticos.
  • La coerción de la primicia informativa por razones de competitividad en desmedro de cualquier análisis que la ponga en contexto, que no es otra cosa que lo que atinadamente Boudieu identifica como exponer un suceso en su adecuado sistema de relaciones.
  • El principio de consenso informativo respetando la uniformidad de la opinión promedio, que en buena medida ellos forman a través de la manipulación informativa, buscando entretener y no dividir o polemizar, teniendo en cuenta que cuando más amplia es la audiencia que se quiere alcanzar más hay que esforzarse en limar sus asperezas, banalizando y despolitizando sus contenidos.
  • La coerción del tiempo que favorece la simplificación demagógica de sucesos, opiniones y problemas.
  • La parcialización de la realidad al desviar su atención de todo aquello que nos les interesa o resulta prometedor en terminos de éxito de audiencia con lo cual censuran de algún modo partes importantes de la realidad que casi nunca llegan al público.
  • La información circular que alienta a los productores televisivos a mantener bajo constante vigilancia a la competencia viéndose obligados a hacer cosas que probablemente no harían si los demás productores no existieran.

    La puesta en foco de los peligros inherentes a la información televisiva lleva a reflexionar acerca del hecho que durante las últimas décadas la televisión ha adquirido entre sus características la de desalentar el ejercicio de pensar, privilegiando el impacto de la imagen sobre el contenido y el de la emoción sobre la razón, a favor del vértigo y la impunidad de que goza por razones técnicas ya que en ese mundo virtual y efímero, los hechos, dichos y juicios son dificultosamente revisables.
    Bourdieu desmenuza especialmente dos de los mecanismos habituales de información televisiva con particular acierto como son los debates televisivos y los telediarios.

    Debates televisivos
    Con relación a los debates, Bourdieu identifica las más habituales prácticas fraudulentas que encubren, a:
  • Los debates falsos, orquestados a partir de la lógica de la autopromoción permanente, parodias más o menos orquestadas de participantes habituales que aún sosteniendo posiciones opuestas lo hacen en forma concertada dentro de los límites de la conveniencia del medio y de sus propios intereses con relación a éste.
  • Los debates aparentemente verdaderos pero sujetos a la manipulación de los invitados, seleccionados entre aquellos que ofrezan a priori algun tipo de garantías de poder ser manipulados por parte del conductor o moderador, donde sutilmente la administracion de los tiempos, la secuencia de las intervenciones y los límites impuestos a la extensión y profundidad del debate desvirtuan ante cualquier observador perspicaz la legitimidad de las conclusiones a las cuales arriba el moderador.

    Telediarios


    En cuanto a los telediarios la cita textual de un logrado fragmento de su libro basta para poner en foco lo esencial del problema:   "La visión carente de sentido histórico e incapaz de infundirlo, atomizada y atomizadora, alcanza su realización paradigmática en la visión que ofrecen los telediarios, sucesión de historias en apariencia absurdas que acaban pareciéndose entre sí, desfile ininterrumpido de pueblos menesterosos, retahila de acontecimientos que, surgidos sin explicación, desaparecerán sin que sepamos su solución - ayer Biafra, hoy el Zaire, mañana el Congo - y que despojados de este modo de toda necesidad política, solo pueden en el mejor de los casos, suscitar un vago interés humanitario."


    "De este modo es, efectivamente, la lógica del campo periodístico, sobre todo a través de la forma particular que toma en el la competencia y de las rutinas y de los hábitos de pensamiento que impone sin discusión, la que produce una representación del mundo preñada de una filosofía de la historia en tanto que sucesión absurda de desastres respecto de los cuales no se entiende nada y sobre los cuales nada cabe hacer."








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    Enlaces
    http://pierre-bourdieu.blogspot.com/