La población de Huelva vive en uno de los entornos ambientales más contaminados del mundo. Sus aguas, aire y suelos incumplen por mucho los niveles máximos de polución recomendados por la Organización Mundial de la Salud y sus habitantes presentan los índices de mortalidad por cáncer más elevados de Andalucía y de España. Además, Greenpeace y la Mesa de la Ría han detectado recientemente niveles de radiación 97 veces superiores al máximo permitido en las proximidades del río Tinto.
Huelva está sitiada por industrias como Fertiberia, FMC-Foret, Atlantic Copper, Rhodia y Endesa (central térmica) cuya actividad ha provocado la mayor destrucción conocida en Europa de una marisma. Las diputadas nacionales Urán González (IU) y Camacho Vázquez (PSOE) definieron ya en 1999 a la Ría de Huelva como “uno de los mayores desastres ambientales a escala mundial”.
El Polo Químico ha ocasionado una pérdida de identidad en Huelva por la desaparición de actividades tradicionales como el marisqueo y la pesca y de la degradación de espacios públicos como la Playa de Gilda. Además, la vida social y política de la ciudad ha quedado condicionada por estas industrias.
Historia de un desastre
Las empresas Fertiberia y Foret obtuvieron la concesión administrativa para el vertido de yesos en 1968. Desde entonces empezaron a verter sus residuos a los cauces próximos. A día de hoy, según la Mesa de la Ría, unos 120 millones de toneladas de fosfoyesos, un residuo tóxico, se han acumulado a unos 500 m de las barriadas de Pérez Cubillas y Los Rosales, en las marismas del río Tinto. En diciembre de 1995 la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía autorizó la “reordenación de vertidos de yesos” para reducir al máximo la contaminación que había alcanzado importantes niveles debido al escado control de la Administración. Según el plan, las empresas debían dejar de verter fosfoyesos al medioambiente y hacerlo en un mismo punto sin ocupar nuevas superficies de marismas virgen. Los depósitos en altura se seguían permitiendo, pero obligando a las empresas a la recuperación de los terrenos mediante su revegetación.
Además, el agua utilizada para transportar los fosfoyesos a la balsa no debía volver a la ría, proceso que hoy día presenta múltiples pérdidas de aguas contaminadas. El 31 de diciembre de 1998 se rompió una de las balsas de fosfoyesos “reordenadas” soltando al río Tinto, según las cifras oficiales, 50.000 metros cúbicos de aguas ácidas metales pesados y otros tóxicos como fluoruro, fosfato y arsénico. Esta liberación de sustancias contaminantes afectó al medio natural fluvial y marino y a la salud de las personas por la incorporación de estos tóxicos a la cadena alimenticia.
Curiosamente, y a diferencia del vertido de Aznalcóllar, su difusión mediática fue escasa y local.
Principales elementos tóxicos hallados por el CSIC
Metales pesados: en todas las muestras de sedimentos superficiales se detectaron altas concentraciones de metales pesados, especialmente el zinc, seguido por el cadmio, el arsénico y el cobre. Dicho informe concluye que “la concentración de metales se considera muy alta, sobre todo en los casos con un alto potencial de toxicidad como el arsénico, cadmio y plomo”.
Elementos radiactivos: la concentración media de uranio en el fosfoyeso es cinco veces superior a la de un suelo no contaminado. Además, las concentraciones de Radio 226 y de Plomo 210 son unas 20-30 veces superiores a las de un suelo normal. El informe del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) adviert: “los anteriores elementos radiactivos y sus descendientes son emisores gamma, por lo que pueden suponer un riesgo radiológico para las personas que realicen actividades sobre las balsas sin cubrición que actúe como blindaje.”
Mediciones recientes de Greenpeace y la Mesa de la Ría en el entorno de la zona de residuos han detectado niveles de radiactividad entre 50 y 97 veces por encima de los máximos permitidos. Estos datos confirman la persistencia de los productos contaminantes en la zona.
El Informe Secreto de la Contaminacion en Huelva (docu)
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