sábado, 4 de septiembre de 2010

Níger: Uranio, carbón y deuda externa

El golpe militar del 18 de febrero último en Níger fue tratado como si se tratara de otro capítulo más de la historia de la inestabilidad y el empobrecimiento de las naciones africanas al sur del desierto del Sáhara. Los militares que derrocaron al presidente Mamadou Tandja han anunciado el 26 de febrero de que pronto devolverían el poder gubernamental a los civiles como respuesta a las críticas de gran parte de la comunidad internacional por irrumpir en el proceso institucional republicana. Pero son solo promesas y las potencias occidentales poco eco se han hecho para denunciar a los golpistas.
¿Quizá porque este golpe vino muy bien a los intereses económicos de Occidente en Níger? De acuerdo con el análisis, muy acertado, de Txente Recondo, las últimas medidas políticas de Tandja no han agradado a Francia y Estados Unidos:
“Algunas fuentes señalan ese intento del depuesto presidente por incrementar un estilo autocrático, sin embargo, otros apuntan que los últimos movimientos diplomáticos de Tanjda no habrían agradado a determinadas fuerzas locales y extranjeras. Los recientes viajes a Libia y Venezuela buscando nuevos apoyos ante las amenazas de parte de la comunidad internacional de interrumpir la asistencia, o el interés de China, India o Irán por hacerse con la explotación de las reservas de uranio no habrían gustado al gobierno francés y a la empresa nuclear Areva”. (1)
Los aprendices de brujo, vestidos de soldados pretorianos, hicieron el juego sucio: el clásico método del golpe de estado para desalojar a un gobernante que quería cambiar las reglas de juego del status quo en Níger desde tiempos coloniales. París y Washington no cacarearon y han hecho casi la vista gorda ante el golpe militar que puso muy contento a los sectores económicos poderosos muy afiliados a Areva y los empresarios occidentales asentados en Niamey.
Pero detrás del golpe también se esconde una historia casi típica de neocolonialismo y de supervivencia del poder francés en una ex colonia como Níger. Eso sin olvidar el rol siempre buitre de los organismos multilaterales de créditos, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, que no hicieron otra cosa que engendrar una pesada carga neoesclavista para los nigerinos: la deuda externa. Según datos aportados por la CIA Factbook, actualmente Níger posee una deuda externa de 2100 millones de dólares (en el 2008). Como era de esperarse, poco después de la independencia en agosto de 1960 el pueblo nigerino tuvo que aguantar a gobernantes que aceptaron la nueva situación de neocolonialismo que les imponían sus antiguos colonizadores franceses y los organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial y el FMI. Mientras Níger se ponía del lado del bloque occidental atlantista en la era bipolar de guerra fría, la deuda externa iniciaba su proceso de neoesclavitud.
Según el informe de Imelda Daza, desde “1968 las sequías generaron alarmantes hambrunas. El gobierno acudió al FMI y al Banco Mundial, que impusieron medidas extremas, privatizaciones, liberalización de capitales y de mercancías”. Y continúa:
“En un país de pastores, con 20 millones de cabezas de ganado, la Oficina Veterinaria Nacional había proporcionado siempre vacunas, medios antiparasitarios, etc. a precios reducidos. La crisis lo doblegó ante la OMC, que exigió la privatización de esta oficina; los campesinos no pudieron seguir comprando estos productos, perdieron sus animales, se arruinaron y el país no pudo atender los compromisos de una deuda que, como en la casi totalidad de los casos, no era capital productivo para invertir en desarrollo sino producto de sobrefacturaciones y de corrupción. Esa es la otra cara del acostumbrado saqueo” (2).
 Níger ha sido presa del neocolonialismo, de la deuda externa y del constante saqueo de sus valiosos recursos naturales: uranio y carbón. Los franceses no se han ido de su antigua colonia al sur del Sahel y, junto a la preocupación norteamericana, dicen temer por la aparición de movimientos jihadistas adherentes de Al Qaeda entre los tuareg nómadas del norte del país. Pero en realidad temen que libios, chinos e iraníes ocupen un lugar estratégico en la explotación del uranio y el carbón. Tandja se enredó en un difícil juego de cambios de alianzas históricas marcadas por el neocolonialismo que tanto París y Washington armaron en 50 años.
El tercer productor de uranio del mundo y el segundo de carbón cayó en la historia de la actual dominación neocolonial de Occidente en tiempos de posguerra fría. Tandja, según Occidente, amenazaba la estabilidad de una nación que antaño tuvo sus golpes militares cuando ciertas elites de Niamey se salían de las reglas deldiktat occidental pro francés. De hecho, Occidente impuso sanciones económicas al régimen del ex militar Tandja por considerarlo un “populista” y un “autócrata”. ¿Nos recuerda a algo cercano a las Américas, al Caribe, a las tensas relacionesentre Washington y Caracas? ¿O al golpe de estado contra Zelaya en Honduras? Los latinoamericanos tenemos bastantes ejemplos de golpismos y de saqueo permanente de recursos naturales y de la lógica de dominación de la deuda externa. Los militares nigerinos pusieron orden y los compromisos extranjeros de Niamey “están a salvo”: los franceses y norteamericanos seguirán explotando de forma privilegiada uranio y carbón, y la deuda externa seguirá pagándose.
Notas:
Fuente: http://200.58.120.249/aldorso.com.ar/06-MAR-10_Internacionales.html